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lunes, julio 23, 2007

DE PAN BENDITO A JEREZ PASANDO POR....


....Cañoroto, Santiago y San Miguel, vaya ruta, mas hip-hopera, rumbera y flamenkuna. Como le decía anoche al propio Langui. Allí estuvimos en Atarfe, Granada con La Excepción y los Delincuentes.

Ohu primo y es que esto pasa de castaño oscuro. Uno empieza en el mundo bloguero y visita el myspace de la Excepción y se topa con otro de Camarondecádiz y con otro del monstruo de Tomasito "Radio Vallekas, Triste y Azul..." te acuerdas Tomás?. Mucho arte todo esto de la Red. Bueno y yo que soy un intruso digital comparado con la gente de myspace intentaré hablar de la Excepción y su concierto en Atarfe, Granada junto con otros bichos de la canción Los Delinkuentes a quienes conocí gracias a Javi "Tabanco· antes de que sacaran su primer disco, ya ha llovido desde entonces, ahora tienen hasta grandes exitos y se han convertido en una referencia en el amplio panorama musical ibérico. Con el fiera del Langui pude hablar un ratito sobre estas cosas, de los grupos que vienen de la onda de Pata Negra o de Kiko Veneno o de Tomasito que ya hace unos años llegó a Madrid y comenzaba a ensayar en la Nave, locales que ya no existen con ese Jorge "Blackmore". También de Diego Carrasco otro maestro del compás y unos cuantos mas.

Pero vayamos al concierto que abrió la Excepción a los que era la primera vez que veía en vivo y me dejaron igual de anodado cuando los escuché en disco la primera vez. Me pasó como la primera vez que oí a Camarón si esto es flamenco me gusta y si esto es hip hop ibérico de pata ne también me gusta y en vivo ganan mas. Mucho angel tiene todo el grupo desde el que lleva la bse musical Gran Dako Style, pasando por las voces y jaleos raperos de Josete, El Moreno y el showman de Rellenitooooo. Y hablar de Gitano Antón y de Langui es punto y aparte. Para quien no lo sepa el Langui tiene los movimientos limitados pero el solo llena el escenario, con su voz, su forma de ser y su arte rapeando que no cantando aunque ya quisieran muchos cantantes tener su voz.

Gitano Antón tampoco es manco y palique tiene un rato pa dar y tomar, por cierto, que de vez en cuando recibía unos garrotazos de su compadre que no se si le dolían. De los temas que tocaron son los que tienen grabados en sus dos discos mas alguno mas que yo no conocía y el tema entero que se marca Josete "Camaronero cascabelero" que esperamos de su salto al mundo mundial, seguro que va a sorprender a mas de uno, incluso en el Sur, tierra flamenca por antonomasia. No se puede hacer participar mas al publico como lo hace la gente de Panben y eso en estos tiempos tan frios, se agradece.

Tras un breve descanso salieron los delinquentes que tambien son unos pocos y no creo que ganen mucho dinero con tantos a repartir pero pasarselo bien lo hacen y luego el público lo nota.

Tengo que reconocer que lo que mas me gustó fue cuando de nuevo subieron al escenario la Excepción a cantar, perdón rapear, la canción que tienen juntos del Pirata, la plaza se venia abajo con ese Langui mas fresco que una lechuga.

Llevé a mi niño Juan "El tigre de la Lancha" pa que conociera en persona a los monstruos y le dió mucha rabia no quedarse al concierto pero ya tendrá tiempo cuando crezca de ir solito y ver a estos chaborriyos que seguro serán ya un grupo consolidado y afortunado de tener un público como el que tienen que se saben toas las canciones.
Y así pasa la vida entre blog y myspace y torototron y garrapateando y, siempre, aguantando el tirón.

De Pan Bendito a Cañorroto, hay un carril y en alguna ocasión me lo he pateao yo.

Salud-os cabales

Curro del Realejo y familia


Pd. y de foto que pongo? si todavía no las tengo Pues una pa que el Josete vea lo aficionada que es la familia a San José Monge Cruz. Yo todavía con toldo-pelo, Ratón de Lavapiés y El Tigre de la Lancha falta la cañailla que mas abajo tambien está con Camarón en la pared.

Cuando revele las fotos del concierto (yo no uso digital y cual) diremos otras cositas

Gracias a toda la gente de la excepción, seguir así pichas, a Nuria de la oficina y a Arturo rey de los Duros.

domingo, julio 01, 2007

CAMARON VIVE 15 AÑOS 2 JULIO DE 1992-2007


A las que no somos dadas a participar activamente en foros o debates, a las que no aportamos exhaustiva bibliografía sobre un asunto, ni nos decantamos por el cedeforum con la constancia que éste requiere..., algunas veces nos resulta ciertamente dificultoso sumarnos a causas que de una forma u otra, aunque nos interesen, no hemos hecho nuestras.

Para que un conato de relato intimista en la tónica de los cabales surta efecto hay que añadirle algún tópico al uso que suscite el interés: conocí a (...) estando en (...), tuve el privilegio de (...). Subiendo de tono: desde entonces siempre que (...), nunca volveré a vivir – días, semanas, meses- como... Es difícil expresar una sencilla anécdota cotidiana que haya perdurado en nuestra engañosa y selectiva memoria que no responda a estos lugares comunes. Es más difícil si cabe cuando la dinámica del día a día transcurre entre la rutina del trabajo y la vida casera, vida de puertas adentro, de tareas y aconteceres poco poéticos que nos impiden salir a la galería a decir lo que se piensa o a expresar lo que se siente.

Y de Camarón, lo que se siente, lo que se sigue sintiendo y no tendrá fin, es su voz. De Camarón se echa de menos su voz, con metal o sin el, con rajo o sin rajo, bronca, rota, con eco..., o acompañando a esa voz de cualquier calificativo de corte flamenco. Es ahí donde permanece el vacío irreparable. Pero ¿quién era Camarón?, mejor dicho, quién fue Camarón para aquellos que no estuvimos en su vida.

Un poner frecuente. Es verano, vas andando por callejuelas, las puertas y contraventanas de las casas entornadas buscando entresijos para orear los rigores de la calor. Poco a poco, a medida que te acercas una revuelta, se te van haciendo nítidos los sonidos que rebosan de un interior. Doblas la esquina, pegas el oído y distingues la melodía con la queja característica: es Camarón. Sigues caminando con la música ya dentro mientras el ritmo de tus pasos se acompasa a la letra que tarareas in mente.

Vas viajando y paras en una gasolinera que te resulta indiferente en cualquier carretera. Un coche entra tomando la curva a más velocidad de la que se requiere, frena bruscamente ante el surtidor, el conductor abre la ventanilla y se siente el sonido del radiocasete: es Camarón. Repostas con lentitud, vuelves a tu coche, sacas de la guantera tu propia cinta, la pones y sigues tu ruta marcando compás con el pie libre de embrague y tamborileando los dedos sobre el volante. Ya tienes compañía para una parte del trayecto.

Anécdota de género. Pasas por delante de una obra, con falda o pantalón, y en alguna ciudad a has oído “y es que a mi me va mucho la marcha tropical, y los cariños...” Avanzas por delante del edificio en construcción sin modificar la línea recta de tus pisadas por encima de los cascotes, sin permitirte un tropiezo que provocaría algo más que cante en el obrero que entona “…y los cariños, en la frontera, me van”. Te sonríes para ti misma y piensas: piropo por Camarón.

Tienes la suerte de disponer de unos días libres y decides poner rumbo a la playa. Disfrutas de tus paseos, de la brisa del mar, de la compañía o la soledad -según decidas o se te imponga- y vas por el tinto de verano al chiringuito más próximo. A medida que te acercas una pésima megafonía te va avisando: es Camarón. Tomas el primer tinto, vino peleón y hielo medio derretido, y viene el segundo para beber más despacio a la sombra y seguir escuchando.

Has salido una noche de bares, corren las copas, se hace tarde y se aproxima la hora de cierre del local. Quedan pocos parroquianos en ese estado de indolencia que produce la ingesta de alcohol, todo tranquilo. La música que atronaba cesa, cambia de rumbo y de volumen para no dar pie a las quejas de los vecinos. Percibes los primeros acordes de una guitarra, como no: es Camarón. La penúltima, por favor, mientras recogeis.

Hace mucho tiempo entretenía una noche el calor del agosto sevillano en compañía y con un botellín calenturiento. Buscando un alivio falso salimos al balcón por sentir un cambio en la temperatura. En ese lugar y en esa época se comparte una ausencia de intimidad en torno a los patios de luces de los bloques de pisos. Ventanas abiertas, persianas en alto, el interior de la vivienda, que mantiene el calor aplastante del día, a oscuras. Los hombres se asoman en calzoncillos al balcón a echar un pitillo con estoicismo insomne porque resulta imposible conciliar el sueño ante la jornada por venir. Nosotros bebíamos cerveza y me dijeron, mira, una salamanquesa en la pared, ¿dónde?, pues a “la luz de aquella farooolaa”. Y brotó la risa espontánea ante el ingenio Camarón que seguramente no fue entendida por parte del vecino de enfrente, trasnochado, somnoliento y trabajando durante ese mes infernal.

Camarón han sido los veranos caminados entre la penumbra de callejuelas, el sonido que acompaña haciendo kilómetros en carretera, la sombra bien recibida del chiringo a pie de playa, los redobles de palmas de los grupos de adolescentes en reunión, lo que entona el gitano contento que se hace dueño de la calle y lo que expresa por fandangos el borracho del tugurio en su miseria. Camarón es su propia ausencia en aquellos que sintieron su pérdida como la de un amigo querido.

Una idea conduce a otra y es rotundamente cierto que unos sentimientos engarzan con otros. A veces una ausencia desgrana una cadena de ausencias y cada pérdida se hila con otra. Se puede partir de un vacío que una vez rememorado enlaza sucesivamente con el resto de vacíos. Hace ya más de dos lustros que Camarón se marchó. Sí, el mítico, el legendario, y además de Camarón otros seres con sus respectivos estares nos han abandonado, siempre, abruptamente.

Cuando oímos “Y el barquito de vapor…” es inevitable asociar la estrofa a esas alegrías que nos dejó. El silencio de las alegrías traslada nuestro imaginario al paisaje de marismas descrito a través de los esteros y salinas de su cante. Al igual que la imagen mental invoca nítidamente los azules luminosos de agua y cielo captados por nuestra retina comprobamos que, en nuestra memoria, han quedado grabadas con asombrosa e idéntica exactitud la entonación, la pausa o la nota que alargó. Ese ha sido su legado. Lo triste, lo que ya todos sabemos, es que la voz de Camarón no volverá a sorprendernos con la llegada de algo nuevo. De ahí que cualquier recopilatorio, la grabación menos pretenciosa, la más casera o la más antigua, se reciban con tanta expectación.

Camarón ha sido su voz, voz a compás, por tanto música y, ante todo, flamenco. Y yo lo he ido traduciendo en mis cintas de carretera, en el ritmo que oyen mis hijos, en la melodía que me pongo para salir de la apatía moviéndome por mi casa. A veces, en la reiterada escucha de cualquiera de sus letras prestas atención de manera diferente y percibes una de sus sentencias dicha con voz rota que te dejará ya cavilando el resto del día.

Y cavilando, por las noches, me miro en el espejo mientras dura el acto prosaico del cepillado de dientes. La misma cara de siempre que responde a mi cuerpo y a mi nombre. Las ojeras marcadas, el cuerpo abatido por el cansancio diario con el que convivo. Miro de soslayo lo que queda de mi gesto del día y pienso en lo poco que me maquillo, en lo poco que me arreglo, en lo poco que me cuido y me dan ganas de gritar. Querría gritar, por el tiempo que no da tregua y por todos los seres queridos que se han marchado. Entonces decido que para mañana me pondré mis pendientes de caireles, los corales, las discretas gitanillas color turquesa o los negros más elegantes. Voy para la cama y, antes de olvidar el pequeño propósito de enmienda sobre mi coquetería, oigo la música de un coche que pasa al ras de mi ventana: era el eco Camarón.

CAMARON VIVE 2ª PARTE


Sobre todo hay dos cosas que cambiaron mi vida. Una conocer a mi cañailla y otra escuchar a su paisano Camaron de la Isla. Fue primero escuchar a José Mongé en un sollado de Capitanía General de San Fernando, Cadiz. Como el Agua retumbó en mis oidos como algo nuevo y limpio y la voz de ese flamenco se me quedó grabada de por vida. A mi Chiquitilla, la conocí una noche de verano isleña en las discotecas ya vacias de pelones y su carita se me quedó grabada pa toa mi vida.
La primera cinta de Camarón que tuve me fue enviada desde Granada junto con unas medicinas para curar el mal de amores. En ella pude oir por primera vez algunos de los cantes de Camarón de la Isla. Pero fue en el año 86 en un concierto multitudinario en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid donde vi por primera vez al monstruo. Yo solito, cargado de una grabadora que me dejó un ex-tristeyazul, me fui a disfrutar de Pata Negra, Ketama y Camarón. Yo, que conocía a los dos primeros, esperaba que Camarón fuera algo parecido pero ni por asomo. El ambiente era bestial, faltaban las hogueras que yo contemplaba de chiquitillo en un barrio de Carabanchel, Cañoroto, mientras cantaban los gitanos por los Chorbos. Pancartas de “venimos de Alicante, Camarón” “Eres el mas grande”.Pensaba que Camarón haría en directo el Yo vivo enamorado o el Volando voy como en los discos. Era un ignorante del flamenco y con el y con ella (su paisana) fui aprendiendo. También había rokeros con chupa de cuero de los que veía en otros conciertos a los que asistía asiduamente y yo me senté en la silla con la grabadora preparado para mi inicio flamenco. Recuerdo el bullicio y lo poco que pude escuchar después. La cinta de 90 min. en que se grabó el concierto no se oyó nunca bien pues la grabadora era mala. Primero cantó José, fugaz como una estrella y dejó luego solos a los niños de Ketama y Patanegra para que hicieran de las suyas aunque la mayoría del respetable (sobre todo el los calós) se najó. Creo que Raimundo iba con un sombrero y acompañó a los Habichuela y a Sorderita en parte de su actuación.
La vida ha ido pasando y gran parte de la banda sonora de esta película que protagonizo estará marcada por San José Monge Cruz, Camarón de la Isla
La foto corresponde al multitudinario entierro de Camarón. Detrás del municipal se ve al cantaor Manuel Heredia de Granada. Recuerdo también para Paco Principe a quien conocimos una noche de aquel dia y de aquel año y tambien nos acordamos diariamente de el.